São Miguel, Azores, Portugal

Contracción. Dilatación. Pulso. Ritmo. El corazón de la Tierra late en su interior. Vivo y escondido.

¿Qué habrá fuera, a 6.000 kilómetros? Una idea. Un deseo que se gesta en la oscuridad y va cobrando fuerza. Se agita. Crece. Aumenta. Presión. Taquicardia. Un ronco grito que consigue abrirse paso hasta el abismo del exterior.

Islas volcánicas. Pedazos de tierra flotante unidos por la erupción repetida de diversos volcanes. La morfología de un anhelo conseguido. Nueve islas nadando en el Atlántico, las Islas Azores.

Con sus 745 m2 de superficie, São Miguel es la mayor del archipiélago, conocida como Isla Verde. Entre el cielo y el mar late el corazón de la Tierra dentro de sus 213 kilómetros de perímetro verde. Un corazón, cuatro ritmos.

72 Pulsaciones por minuto

Enigmática Sete Cidades

Un cráter reconvertido en inmenso valle de lagos. Lagoa Azul y Lagoa Verde. La princesa que se enamoró del pastor y, obligada por el rey, tuvo que despedirse de él. Y lloró. Y de las lágrimas de sus ojos azules nació el lago azul. El pastor lloró también. De sus ojos verdes, salió el lago verde. Silencio en el valle. Las montañas fabrican nubes que caen sobre el agua. Azaleas, hortensias y camelias sobre el prado verde. Melancolía y calma.

81 Pulsaciones por minuto

Virgen Lagoa de Fogo

Montaña de laurisilva, acacias y helechos. Una cresta montañosa que crece. En su boca, agua. La caldera inundada. Las nubes que se pasean sobre los picos sin atreverse a tocarla. Hermosa y juguetona. Sólo las gaviotas llegan hasta ella. Un serpenteante camino en la ladera desciende también hasta su ribera inaccesible. Estrecho y empinado hasta el agua transparente que refleja la pureza del cielo.

89 Pulsaciones por minuto

Alegre Furnas

Una burbuja en el centro de la isla. Sonriente Furnas en ebullición. Tierra que palpita y hierve. Fumarolas y caldeiras a ras de suelo. Un lago plano y recreativo vigilado por Pico do Ferro. Que se ríe. Buena comida, buen vino. Voces, gritos. Niños. Piscinas balnearias. Aguas ferruginosas. Plazas, jardines. Nubes de humo. Una carcajada de corazón.

100 Pulsaciones por minuto

Agreste Costa Este

Escarpada. Difícil y rabiosa. La costa este se recorta geniuda defendiendo su territorio al violento océano. Salvaje y despeinada. Bella. Con ritmo. Latente. Su mal genio ha conseguido que sea la parte más olvidada de la isla. Absolutamente indomable, desde su costa mal recortada, hasta la frondosidad de sus bosques. Viva y palpitante.

São Miguel es la más compleja de las nueve islas del archipiélago. Una armonía de compases distintos y cambiantes. Recorrerla es abandonarse a su ritmo. Dejar la razón de lado. Admirar. Sorprender. Adaptarse a su pulsación. Y así palpitar con ella. Palpitar con en centro de la Tierra.

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