Tengo pocos recuerdos de mi abuelo paterno. Murió cuando yo tenía dos años. Aún así, los que tengan recuerdos anteriores a los dos años sabrán que es posible tenerlos y que tienen gran valor, por ser los primeros. Siempre he intentado conservar la silueta del avi en un rincón privilegiado de la memoria: aquel reservado a los abuelos y las abuelas.

L’avi era forner, que en castellano es panadero. Su nombre en catalán es algo distinto: asocia el oficio más al horno que al producto y creo que es un matiz importante. En el pueblo donde vivió, en Montblanc, las personas mayores recuerdan aún hoy a “l’Anton del pa” y de algún modo se nos ha quedado ese sobrenombre a la familia. Muchos recuerdan también su bondad y el sabor de sus coques (cocas).

Mi padre aprendió a su lado, desde bastante pequeño, a hacer pan, cocas, panes de Viena, etc. En el modo en que se hacía antes: levantándose a las 4 de la mañana, trabajando los domingos, amasando, sudando en verano enfrente del horno… Habla a menudo de todo lo que le explicaba su padre entre harinas y amasadas. Sin embargo, ninguno de los tres hijos que tuvo siguió el negocio familiar, y cuando el avi se jubiló, sus coques se jubilaron con él.

Y hoy han vuelto al obrador.

En mi primer día de vacaciones, a las 9:40 de la mañana ya tenía a la puerta a mi padre, que con un rápido: “nos lavamos las manos y empezamos” me ha dado los buenos días y me ha sumergido en el oficio de la familia.

Este post es el resumen fotográfico de una mañana de padre e hija, donde probablemente, y de algún modo inmaterial pero real, estaba también el avi, en las manos de mi padre, que aunque se han dedicado toda su vida a cosas totalmente diferentes, siempre han conservado una destreza que sólo las horas con las manos en la masa pueden dar.

Y empieza, ahora sí, el resumen de una mañana haciendo coques de l’avi Anton. Muchas gracias papá por este día.

1- La masa madre, preparada desde el día anterior y tras un reposo de 24 horas

Masa madre preparada

2- Empezamos a amasar

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3- Empieza a tomar forma la masa… Más de 45 minutos de trabajo, ¡No es fácil! Y aquí manda la destreza

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4- Se deja reposar la masa: un trapito por encima, nos tomamos de mientras un refresco… ¡Y vaya si crece!

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5- Els tres pessics (los tres pellizcos) para que sean auténticas coques de Montblanc.

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6- Listas en la bandeja, las dejamos crecer un poquito más y las untamos de aceite y espolvoreamos con azúcar

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7- Nos apetece probar algunos experimentos, ¿Qué tal quedarán unas pasas?… Y de paso podéis ver cómo queda una cocina después de una mañana panadera.

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8- En hornadas de tres en tres y con problemas con el fuego de abajo (¡Ai avi!, que estos hornos no son los de antes)… Poco a poco van saliendo las coques, listas para comer.

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9- Y para acabar, un paquetito improvisado con lo que hay por casa, porque no son unas coques cualquiera, y se tiene que notar

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Y ahora… Un poquito de chocolate y… ¡Feliz merienda!

26 de noviembre de 2013

Adjunto un artículo publicado por la Vanguardia sobre la historia de estas cocas:

La Vanguardia, artículo
La Vanguardia, artículo

 

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