Noviembre siempre había sido para mí un mes de tránsito obligado entre octubre y diciembre. Un mes gris y de difuntos entre el suave inicio del otoño y las primeras luces de Navidad.

Pero este año Noviembre tiene el sabor dulce de los caquis y las uvas tardías. Noviembre es esta vez el mes del deseo sin prisa, del silencioso pasar de los días. Es el mes de la dulce espera.

El mes de los días de sol suave y tibio en nuestro trocito de balcón y días de lluvia torrencial y truenos detrás de los cristales. De los días de silencio y de paseos con suelas mojadas por alfombras húmedas de texturas ocres y naranjas. De los días de quedarse dormida entre cojines con un buen libro en el regazo.

Días, mi pequeño, de pasarme ratos de pie en el umbral de tu habitación, pensando en ti, en el modo vago en el que se piensa en alguien a quien aún no se ha visto… Y sin embargo  se conoce. Días donde el único tiempo que pasa es el que separa tus pataditas en mi vientre, algunas casi imperceptibles, otras, asombrosamente fuertes.

Días de dulce espera chiquitín, que con su silencioso pasar, me acercan cada hora un poquito más a ti.

Mamá.

'Sunlight on fallen leaves', obra de TEO JPG

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