No tiene un nombre concreto. Siempre está relajada. Mira a su alrededor, sonriente, plácida, con los ojos ligeramente entrecerrados. Feliz, despreocupada, bajo su brillante cascarón azul. Es la tortuga tranquila, la que cada noche a la hora de acostarte, te lleva de viaje al mundo azul de los sueños.

tranquile turtle magic cabin

Llegamos a la puerta de la habitación. Está cerrada, pero oímos música dentro. Golpeamos suavemente con los nudillos: “¿Podemos entrar?”. En la habitación, a oscuras, bailan brillantes olas azules en las paredes. Nos sumergimos en el mar de luz celeste. Friegas tu cabecita contra mi hombro. Hueles intensamente a crema de bebé. Es el olor de ir a dormir. Nos acercamos a la cunita y allí, descansando en una esquina, está la tortuga tranquila con su cascarón luminoso.

Te tumbas a su lado y succionas con fuerza el chupete. Los primeros días, ponías tu manita sobre la tortuga, y observabas cómo en tus dedos danzaban luces azules. Mamá te contaba su historia. Tu tortuga viene de una isla perdida en el océano. Vive en una comunidad de tortugas que son de todos los colores del arco iris. Ella es, entre todas, la tortuga más tranquila, por eso su cascarón es azul. También es mágica, porque cuando duerme, se ilumina y proyecta a su alrededor el movimiento de las olas en las que ha nadado durante el día.

No te duermes al momento. Te pones de lado, con la espalda arqueada, te tapas la cara con la sábana. Me agarras de la mano y la dejas sobre tus ojos. Te acaricio los párpados cerrados. Se oye la canción de la tortuga y el sonido del chupete. Salgo de puntillas. Al poco se te cae el chupete y protestas. Te lo volvemos a dar. Te vuelves a arquear, te tapas de nuevo. Así varias veces. Finalmente, tu respiración se relaja… Parece que has llegado a la isla azul con tu tortuga.

No podemos evitar entrar varias veces a verte antes de acostarnos, tratando de no hacer ningún ruido. A veces, mamá se sienta en la esquina de la cama a mirarte. Muchos días, me gustaría entrar contigo en tu isla imaginaria, acurrucarme a tu lado en la cuna, sumergirme en el olor dulce de bebé que desprendes, descansar en la paz de tu sueño.

Habrá tenido que ver mucho, o poco, pero con la llegada de la tortuga a casa, la hora de dormir ha dejado de ser una lucha para convertirse, poco a poco, en un momento dulce que compartir contigo, una hora azul que nos lleva, suavemente, al mundo de los sueños donde, por fin, volvemos a recargar energía para empezar un nuevo día.

Anuncios