Se ha ajustado el sombrero con flores, ha cerrado su enorme bolso sin fondo, ha abierto el paraguas y se ha ido. Hoy ha sido sin duda un día especial en nuestra pequeña familia. Un día de despedida, de gratitud y también de tristeza. Hoy este post es para la que ha sido durante cuatro meses, nuestra niñera ideal.

Tenías apenas tres meses y medio y papá y yo ya estábamos preocupados por qué hacer cuando mamá volviera al trabajo. Necesitábamos una nanny, una persona especial y que reuniera un sinfín de condiciones imprescindibles. Sin haberlo puesto aún pronunciado, teníamos nuestra carta de requisitos de “se necesita niñera” perfectamente redactada en nuestra cabeza. Necesitábamos alguien que hiciera menos notable la ausencia de mamá para un bebé de solo cuatro meses. Una persona capaz de cuidar, querer y jugar con un pequeñín que además de las atenciones naturales exigidas por su corta edad, demandaba (y lo sigue haciendo) una extraordinaria dosis de energía por parte de sus cuidadores.  No era una empresa sencilla.

Como en la célebre película de Disney, una noche debió escaparse en un suspiro la carta de nuestra cabeza y salir volando por el balcón entreabierto, palabra por palabra, para perderse en la noche estrellada. Y del cielo, precisamente, llegó nuestra Mary Poppins.

mary poppinsSe plantó en nuestra puerta un buen día. Una amplia sonrisa juguetona pronunció en una voz ligeramente ronca: “Hola, soy Zaira”.

Y desde ese día hasta hoy, han pasado cuatro meses en que has amanecido, cada mañana, esperando la llegada de la que se ha convertido más que en tu niñera, en tu compañera para jugar, reir, aprender, explorar, descubrir. Una persona a tu lado que no sólo te ha cuidado, sino que sobre todo te ha querido y te ha hecho feliz y con ello, también a nosotros.

No habríamos podido encontrar una niñera más ideal.

Gracias por pasar por nuestras vidas, Zaira.

 

Anuncios