Si algo les gusta a tus papás, es jugar contigo. En casa, en el parque, de excursión… Con el calor ha llegado el momento de estrenar nuevos juegos que ocurren, por primera vez, dentro del agua.

julio piscinaTe apuntamos con mamá a un cursillo de natación este mes de julio. Sábado por la mañana, a las 11:00. Llegó el primer día, estrenamos los pañales-bañador de un solo uso y nos plantamos en el borde de la piscina. Papá miraba e intentaba hacer alguna foto desde el cristal. La monitora nos recibió y nos recomendó que entraramos despacito en el agua, para que pudieras adaptarte paulatinamente al nuevo medio líquido sin asustarte… Nada más poner un pie en remojo, ya estabas, como se dice, como pez en el agua.

Empezaron así cinco sábados de julio en que amanecíamos pensando ya en nuestra esperada cita de media hora en el agua. Treinta minutos refrescantes intentando que flotaras con ‘el churro’ o ‘la burbujita’ y empezaras a adquirir cierto estilo para la natación. La verdad, pequeño, es que seguir instrucciones no parece ser tu mayor afición, y acabábamos cada ejercicio jugando, pero a nuestra manera.

De la piscina hemos pasado a aguas mayores y hemos ido también al mar. Los primeros días, te agarrabas con fuerza a mamá y mirabas asustado hacia atrás mientras nos dirigíamos al agua. Pero poco a poco, te fue venciendo la curiosidad. Empezaste mirando tus piececitos rechonchos hundidos en la arena húmeda de la orilla mientras los cubría la estela de una ola, y acabaste en el agua, en brazos de mamá o papá, riendo, salpicando con la palma abierta y soltando tu alegre parloteo con el que entendíamos que lo estabas pasando de maravilla. Como nosotros.

Tu mamá tenía muchas ganas de que llegara el momento de poder disfrutar del agua junto a ti, teniéndote, por fin, en brazos. Y es que cuando estabas aún en la barriguita, ya la acompañabas a natación. Mamá pensaba a cada brazada en ti, en tu pequeña piscina en su interior, y trataba de imaginar cómo te debías estar sintiendo tu en ese instante, flotando, como ella y escuchando el silencio a tu alrededor.

También estuviste en el mar, muchas veces, en verano, pero también en otoño hasta pocos días antes de nacer. Mamá te acariciaba a través de la barriguita para despertarte y que escucharas el sonido de las olas. A veces dabas patadas contento, otras parecía que te quedabas dormido con su arrullo. Mamá solo pensaba entonces en el día en que podría disfrutar de estos momentos maravillosos junto a ti, en un sueño donde aún no tenías rostro, en un sueño que hoy, se ha hecho realidad y en el que estamos, por fin, contigo Bru.

Embarazada junto al mar

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