Llegó el día esperado, el día en que en tu alegre tarareo has juntado, casi accidentalmente, las sílabas precisas que forman dos palabras mágicas, deseadas, y que nos emocionan. En estos dos vocablos oímos, por primera vez de tus labios, lo que somos desde que has llegado a nuestras vidas: papá y mamá.

Desde que mamá volvió al trabajo el día 1 de abril, ha estado descontando días del calendario para llegar a estas tres semanas de agosto. Cerca de un mes que nos prometía, fundamentalmente, horas de estar contigo. Un mes para descansar (en una nueva definición, algo relativa, de esta palabra que hace un año no hubiéramos creído que existiera), jugar, viajar, descubrir, dormir, transnochar y desconectar del mundo por unos días, a tu lado. Un mes, en definitiva, para ejercer de papá y mamá 24 horas al día, disfrutar sin prisas de ti y también, redescubrirte en tus ocho meses.

Mama i fill Y ha sido en estos días intensivos como sin buscarlo ni quererlo, has empezado a decir “papá” y “mam” (que con los días ha ido evolucionando a “mamá). Largas sesiones por las tardes de “papapapa papapapa” y “mama mam”. Disfrutas con el sonido recién estrenado de tu propia voz. Gateas, murmurando algo inintelegible, te detienes, abres mucho los ojos y dices sorprendido: “papá”. Lo que ha empezado siendo una cantinela recurrente, ha ido poco a poco enfocándose a llamar nuestra atención a poner nombre a los que somos, ahora, tu pequeño e inmediato universo.

Este mes hemos vivido las primeras vacaciones contigo. Juntos hemos ido a perdernos en un verano entre volcanes, un verano rebosante de verde, verde fresco, verde lluvia, caminos verdes surcados de hortensias de rosa pálido. Verde al aire libre sobre el césped húmedo, donde todo está por descubrir y donde no hay límites a tu curiosidad. Donde hemos cambiado el ruido de los coches y las motos por el murmullo del bosque y el cacareo de las gallinas.

Ha sido para nosotros, tus papas, las primeras vacaciones a tres. Una experiencia nueva, distinta y apasionante en la armonía de un triángulo que por mucho que se mueva, siempre sigue sumando 180º en sus ángulos. Un triángulo que solo es nuestro y dentro del que, no solo tu, si no también tus papás crecemos, descansamos y aprendemos a querernos, cada día, un poquito más.

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