Acaba el verano y comienza una nueva aventura que estrenas mochila al hombro: el jardín de infancia. Es el primer peldaño de una escalera que subirás de año en año. Años llenos de experiencias nuevas para ti, y también para nosotros. Empieza este mes una etapa fundamental, que sin duda te marcará, la época escolar.

Las instrucciones se leen claramente en la fotocopia colgada todo el verano en un imán de la nevera: “Dejar en el colegio la colchoneta, una mantita de casa, chupete, toallitas, un vaso, una toalla de manos. Traer cada día la agenda, cuatro pañales y dos baberos”. Parece sencillo. Lo repasamos nuevamente la noche anterior. Está todo a punto. O eso es lo que creemos.

Primer día de septiembre. Papá es el encargado de la adaptación. Llegas al cole a las 9. Parpadea el móvil a las 9:10. “Es el primero, está ya como don Pedro por su casa”. En la foto se te ve gateando sobre el suelo azul del tatami. Sonríes. Llamada a las 10:30. “Se ha quedado llorando… Ai, no sé, en clase todos son muy pequeños, no sé…”. Papá tiene un nudo en la garganta que Septiembreme llega por satélite para instalarse en mi estómago. Mamá pide permiso y se escapa del trabajo. Te vamos a buscar. Son las 11. Efectivamente, te han cambiado de grupo y eres el mayor de tu nueva clase. Te han puesto con lso “bebés”. Nos explican que estarás mejor aquí, que eres de diciembre prácticamente, y que en la otra clase ya caminan casi todos, comen trocitos, son más autónomos…Entendido. Pero iremos viendo. Tú estás llorando sin consuelo mientras la profesora mece sin éxito la hamaca. Solo dejas de sollozar cuando salimos a la calle. En tu rostro una expresión nueva, de desconcierto, o lo que parece claro a los ojos de tus papás, de abandono. Esa ha sido toda tu adaptación. Mañana, jornada completa. Ai Madre, ¿habremos hecho bien?

Y llega el día 2, y el 3… La adaptación, pobrecito, la sigues haciendo tú solo por tu cuenta. Cada día que pasa, parece que va un poco mejor. Poco a poco, te sueltas de los brazos y empiezas a jugar más solo. Hasta que Bru empieza a ser 100% Bru en el cole. Juegas, parloteas, aplaudes, saludas, chasqueas la lengua… Lo único que haces distinto a casa es dormir tus siestas largamente. Nos dicen que disfrutas en clase de música. Nos lo creemos. Cuando oyes un sonido rítmico, aunque sea el de un martillo golpeando un clavo contra la pared, bailas, saltas o palmeas siguiendo el compás. Eso sí, nada de música melódica, a ti te va la marcha.

Te vemos contento, y por eso tus papás lo estamos también. Estuvimos mirando muchas opciones antes de decidirnos por el que hoy es tu pequeño colegio, le pedíamos muchas cosas: trato familiar, proyecto educativo, valores… Y así dimos con un proyecto joven, moderno, pero sobre todo, rebosante de unas ganas, ilusión y vocación contagiosas. Nos inquieta cuál será tu próximo colegio cuando este acabe. La educación es una cosa seria, queremos para ti lo mejor. Pero no podemos olvidar, tampoco, que la verdadera educación es la que se recibe en casa, y aquí sí que papá y mamá tenemos algo que decir. Y vamos, desde ya, a hacer lo posible para estar a la altura.

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