Nos quedan ya pocos días de ser una familia de tres. Se está haciendo largo este último tramo de espera, esta todo a punto para recibir a nuestra Sol, ya solo falta ella. Junto con la impaciencia y la ilusión inmensa de estas semanas, prende, de vez en cuando, inoportuna, una chispa de añoranza y apego por estos últimos 17 meses que están llegando a su fin. Porque no creo que sea malo que algo así ocurra, sino todo lo contrario, aquí va este pequeño homenaje en el andén del tres al cuatro.

Supongo que cuando es un tercero, es diferente. Pero cuando te has dedicado a un solo hijo de manera exclusiva, la llegada inminente de un segundo, junto con la enorme alegría que supone, no deja de traer cierta inquietud. ¿Lo querré como al primero? ¿Es posible querer así, con esta inmensidad, dos veces? ¿Tendrán cada uno de ellos suficiente mamá? ¿Perderá el primero un poco de ella? ¿Tendrá el segundo una madre completa? Como hermana mayor de tres hermanos, puedo decir que nunca he sentido que me correspondiera un tercio de madre. Todo lo contrario. El 100% de mamá era capaz de volcarse de manera única en cada uno de nosotros según nuestra personalidad, nuestras necesidades, nuestro carácter… Queriéndonos a los tres tan por igual como de manera única y distinta a cada uno. Mi madre ha sido una madre elevada al cubo. ¿Podré ser yo una mamá al cuadrado? ¿Cómo se multiplica una por sí misma?

Así que en este andén del tres al cuatro, a la espera del tren que traerá también estas respuestas, repasamos estos meses pasados papá, tu y yo. Y esta es una de las últimas fotos que tendremos antes del viaje que estamos a punto de emprender.

anden1

Quisimos hacer una última escapada hace unas semanas, una salida precisamente de despedida de tres (como en su día papá y yo hicimos de dos), y nos fuimos a un pueblecito, pequeño, escondido entre bosques de avetos, a disfrutar de un paréntesis. Te lo pasaste en grande. El simple hecho de poder salir de nuestra casita por tu propio pie era ya una excitante aventura. Contigo como representante, en un día ya conocíamos a todo el pueblo como quien dice. Paseamos mucho por el bosque, jugaste en el tobogán, a lanzar tu coche por él, a coger palos y piedras y a lanzar piñas al agua hasta cansarte. Fueron unos días de descanso, de oxígeno, de disfrutarnos, de hablar mucho de ti y también de nuestra querida Sol.

¿Qué opinas de la llegada de tu hermanita al mundo? Me preguntan a menudo. De momento guardas la respuesta para ti. Sabes que algo está a punto de cambiar en casa, hay un moisés al lado de la cama de los papás al que, después de intentar meterte varias veces, has optado por utilizar como coche ya que va sobre un soporte con ruedas. Así lo paseas por la habitación: “rum rum” y a veces, antes de acostarte, cantas una nana con esa cara tan seria con la que nos das a entender que es algo importante: “nooon, noooon”.

Sabes que mamá se ha tragado un Sol y por eso tiene una barriga muy grande. Le das besos, le pones el chupete a veces, has intentado darle de comer por el ombligo… En tu recién estrenada etapa del “no”, le negaste también estas atenciones durante varios días, diciendo solemnemente “no” y bajando la camiseta de mamá. Mamá se preocupó un poco… pero luego es cuando de repente, cuando estamos explicando cosas bajito, antes de dormir, me levantas la camiseta, te abrazas fuerte y no dejas un rincón de la barriga sin dar un beso húmedo y sonoro.

¿Cómo será cuando Sol esté en casa? Desde este andén, aún no podemos saberlo, intuimos la felicidad y la alegría que nos traerá, porque es la misma felicidad y alegría con la que esperamos el momento de su llegada. La misma felicidad y alegría que nos trajiste tú. Y tú, nuestro principito, eso mismo es lo que tienes que sentir, porque a pesar de los pesares, no hay regalo más precioso en el mundo que tener un hermanito ni encontrarás mejor compañera en el viaje de hacerse mayor que a la chiquitina que un día de estos, conocerás.

Anuncios