Hay nombres que determinan el carácter de la persona que los lleva. Así ocurre contigo, que cada día resplandeces con más fuerza, con más vida. Irradias una felicidad contagiosa desde tu mirada hasta su sonrisa, y así, con el pasar de las semanas, te has convertido en el Sol de nuestra alegría.

Abro los ojos. Aún es oscuro. Bueno, no tanto. La primera luz del día empieza a encenderse, tímida, al otro lado de la cortina morada. Sí, está amaneciendo. Se oyen los primeros trinos. Pero lo que me ha despertado no ha sido eso, sino un ruido que proviene del moisés al lado de mi cama. Unas piernas que golpean con energía contra el colchón. Me asomo, aún adormilada, tratando de no hacer ruido por si aún estás durmiendo, pero tus ojos enseguida me encuentran, y es así como conjuras tu primera sonrisa, cada día nueva, fresca, alegre y también coqueta. Una sonrisa enmarcada en los rayos despeinados de tus anárquicos cabellos y de la que se escapa una imperceptible carcajada en silencio. No importa que sean las seis de la mañana, no se me ocurre mejor manera de empezar el día.

sonrisa bebeEs ésta la primera sonrisa de muchas que dan luz a nuestro día. Ríes cuando mamá te habla o te hace payasadas, cuando te hace cosquillas, cuando alguien te sonríe. Incluso cuando estás seria, desprendes una reposada alegría en tu mirada, en tu postura. Eres una niña muy despierta y cargada de energía, siempre en movimiento; cuando no estás ejercitando las piernas, estás jugando con el móvil que cuelga del cochecito o tratando de agarrar un juguete de tu hermano haciendo la croqueta sobre la alfombra. Aún así eres una niña tranquila y por supuesto, risueña.

Pero sin duda, el mayor mérito de tu alegría es hacer sonreír a tu hermano. Se sorprende con tu risa y él se ríe detrás de ti. Se ríe cuando haces la croqueta, o golpeas la mesa con el puño, con los gorjeos que empiezas a hacer, también cuando bostezas. Aunque parezca que está en sus cosas, Bru te observa constantemente y está empezando a ver en la muñeca que ocupaba los brazos de mamá todo el día, una niña con la que ya ahora está empezando a jugar. ¿O es que no te has dado cuenta de cómo, cuando nadie mira, viene a chocarte la palmita abierta de la mano?

Las sonrisas son poderosas, pequeña, tienen el poder de poner Sol en un día gris, de aligerar un sufrimiento, de tomar una decisión valiente, de afrontar con optimismo un día duro. Las sonrisas se contagian y hacen que el mundo sea un poco mejor. No lo olvides nunca, pequeña, y sigue sonriendo. Gracias por iluminar cada día nuestra con tu alegría princesa.

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