Me he resistido durante mucho tiempo a escribir este post, y ahora que me lanzo, voy a intentar ser muy precisa con las palabras. Porque sí, esta no deja de ser una entrada sobre celos. Porque como es natural, mi hijo mayor (tan mayor que tiene ahora dos años), está aún asimilando la llegada de una niña en casa, una intrusión gradual que empezó ocupando solo los brazos de mamá, y ahora ha acaparado también la trona, la zona de juegos, y claro, también la atención y sonrisas de todos. Pero no, no nos lo estamos tomando como una situación dramática porque desde luego, no lo es. Es, simplemente, un proceso natural con el que convivimos y para el que tenemos, entre otras  cosas, algunas recetas literarias.

Esta historia empieza con un dolor de barriga, mal panxa, que apareció en la fase ya de recuperación de un buen catarro. El mal panxa no se iba. Bru estaba irritable, casi no comía, dejó de jugar. Solo quería dormir y estar abrazado, sin hacer nada, a su mamá, a su avi… Los llantos, repentinos, nos llevaron a pensar en un momento dado en una infección de orina. Descartada. Más adelante en una apendicitis. Descartada también. ¿Qué nos quedaba por mirar? Aparentemente, él estaba bien… Pero, ¿y si…?

Empezando a pensar desde otro punto de vista no médico, fuimos relacionando diferentes hechos, situaciones y reacciones. Observamos que Bru no tenía hambre a las horas de comer por mucho que le hiciera sus platos favoritos… Pero si se le ofrecían palitos entre horas devoraba sin contemplaciones, lo mismo que si se le ponía a tiro alguna otra cosa de comer fuera de casa. Nos dimos cuenta que todo había empezado el día de su cumpleaños, cuando nos reunimos toda la familia, y como muchos notamos, estuvo atento en todo momento en quién cogía a su hermanita en brazos. Caímos en la cuenta de que el berrinche la primera vez que la vio sentada en su trona y comiendo con cuchara, era algo más que eso, especialmente en la recién estrenada era del “todo mío”. En definitiva, que la muñequita que adornaba el capazo se había convertido en un rival que empezaba a ocupar su exclusivo territorio.

¿Y entonces…? Pues después de este episodio un poco a lo ‘Príncipe destronado’ de Miguel Delibes, comprensión, cariño, y paciencia. Así, en este orden.  Y de este modo, poco a poco, las aguas van volviendo a su cauce. Hasta la siguiente, claro, que será diferente sin duda, planteará sus propios retos y exigirá nuevas soluciones. Lo fundamental ante las actitudes que tienen su origen en los celos es, por parte de los padres, no asustarse pensando si es una reacción normal o desproporcionada (¿quién decide, al final, que es normal y que no lo es?), no catalogar y respetar mucho la manera de ser de cada niño que en su singularidad incluye, también, un modo de expresarse que es particular.

Pensaba en concreto en mi hijo, con dos años recién cumplidos, que no tiene aún las herramientas de lenguaje, y por tanto tampoco de razonamiento, para comprender lo que está ocurriendo y tampoco lo que está sintiendo él… ¿Cómo pedirle que lo exprese, además, de un modo concreto, que para nosotros sea estandar? Precisamente por esta limitación para poder poner por palabras lo que está sintiendo a causa de su corta edad, nos han sido muy útiles los cuentos que plantean situaciones  de llegada de un hermanit@ en casa que nos han ayudado muchísimo a poder “hablar” con nuestro hijo sobre esta situación. Del listado de Recetas Literarias para Celos que nos pasó nuestra pediatra (me encantó, por cierto, que contemplaran este aspecto como parte de la salud infantil), a nosotros nos han ido genial y si tuviera que recomendar alguno recomendaría:

El cuento trata sobre una niña que se harta de su hermano menor, de que le destroce los juegos, de que ocupe su lugar… Y decide ponerlo a la venta. Es divertido y escrito con mucho humor. Gusta a mayores y pequeños.

En este cuento vemos como Alex vive los cambios en el hogar y en su mamá previos  a llegada de su hermanita. El cuento acaba con la llegada de la pequeña a casa, así que es ideal para mamás embarazadas. Aún así, a nosotros nos sirvió en el aspecto del nuevo espacio que ocupa el nuevo bebé en casa (su cunita, su trona, su ropa, sus juguetes…)

¿Queréis compartir vosotros alguna receta literaria para celos? ¿O alguna receta de otro tipo que os esté funcionando?

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