Querido Bru,

Hace ya dos semanas que nos preguntas, insistentemente, dónde está la nueva estación de la que tanto te hablan en el cole, la primavera. Es verdad que te pasas el día preguntándonos, sobre cualquier cosa, dos cuestiones: “¿Qué hace”? y ¿Dónde está?”. Qué hace papá, dónde está el avi, qué hace el león, dónde está el lobo… Yo misma, sin darme cuenta, me paso las tardes dándote explicaciones sobre las cosas más variopintas. Vamos, con más o menos éxito, superando tus cuestionarios permanentes, pero en el caso de dónde está la primavera, nos hemos quedado enrocados. Al parecer, ninguna de las respuestas que te hemos dado ha acabado de satisfacerte. Guardas silencio tras la explicación, manteniendo el ceño fruncido, y tras unos segundos de gran efecto vuelves a la carga: “Pero, ¿dónde está la primavera?”. No solo no hemos logrado darte una respuesta convincente, sino que el concepto primavera ha empezado a convertirse en una palabra confusa que tanto aplicas a un pájaro, una oca, un olor… Incluso a nuestra calle. Así que, mi pequeño príncipe, ha llegado la hora de explicarte la verdadera historia de la primavera para que puedas entender dónde está. Una historia que empieza, como todas, con un había una vez…

Había una vez un pájaro muy pequeño con un plumaje en el que se reunían todos los colores del planeta. El pájaro, como hemos dicho, era muy pequeño, tanto, que sólo los insectos, más aproximados a su diminuto tamaño, eran capaces de verlo. De hecho, los humanos sabemos que existe porque una hormiga muy charlatana se fue de la lengua en una ocasión. El caso es que el pájaro de plumas de todos los colores se llama Primavera.

Como te decía, nadie lo ha visto, tu tampoco, sin embargo, lo has oído. El día que salimos al balcón a buscar la primavera lo escuchamos. Oímos cantar un pájaro distinto a los que trinaban en invierno, tú te percataste enseguida ¿Recuerdas? Te pusiste un dedo en el oído y me miraste con los ojos muy abiertos. Sí, era Primavera.

Primavera duerme durante el invierno porque no le gusta el frío, pero cuando en su nido empiezan a llegar los primeros rayos cálidos del sol, se expulsa las ramitas de su plumaje con mucho brío e inicia su viaje. Durante siete días, Primavera recorre todas las ciudades. Va de árbol en árbol y, oculto en sus ramas –es muy vergonzoso, además de chiquitín- canta con su singular trino. Mamá y Bru también cantamos, pero nuestras canciones no son mágicas. Las de Primavera, sí.

Bastan tres notas musicales salidas del pico de Primavera para que de los árboles más cercanos empiecen a brotar las primeras hojas de un verde intenso. Con un solo trino, salen de la tierra húmeda los pequeños tallos que más adelante, darán flores. Al Sol le gusta tanto oír a Primavera, que se hace el remolón y se va a dormir más tarde, haciendo que el día sea más largo. Y, como habrás notado, con un solo canto de Primavera, todos los pájaros de la calle compiten para hacerle un digno coro de acompañamiento.

Y ahora ¿Dónde está Primavera? Hace unos días, cuando salimos al balcón aquella mañana fresquita, envueltos en una manta –y cómo te gustó este detalle-, estaba en nuestro árbol, en el que tenemos delante de casa. Ahora debe estar en otro árbol, lejos de aquí, cantando y haciendo que todo, se vuelva más colorido y alegre a su alrededor. Y mañana en otro, y pasado mañana, en otro más… Y así, día tras día, hasta que la llegada del otoño. Pero eso, mi niño, ya es otra historia.

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