Hace un par de semanas, nos fuimos con otras cinco familias a pasar el fin de semana a la capital del Pla de l’Estany, a la ciudad de Banyoles, en Girona. Seis parejas, la mayoría de las cuales apenas conocíamos, y 10 niños, el mayor de tres años, la menor, de 11 meses. Suena algo temerario, ¿verdad? Si os soy sincera, yo no las tenía todas conmigo. Por un lado me apetecía probar la experiencia, pero por otra, no lo acababa de ver claro… Especialmente el jueves antes de irnos por la tarde, reventada después de noches de juerga con la pequeña, haciendo maletas con los niños sacando todo lo que ponía dentro y colgándose de los cajones, empecé a  dudar seriamente que un plan de estas características fuera la mejor idea para el fin de semana. Porque desde luego, a descansar, que era lo que más necesitábamos, no íbamos. Y además, ¿Nos adaptaríamos bien unos a los otros? ¿Estaríamos a gusto? Y así, entre preguntas sin respuesta, llegó el viernes y nos plantamos en el atascazo de la salida a Barcelona cargados hasta los topes y sintiendo que íbamos, completamente, a la aventura.

Y sobrevivimos. Y la verdad es que lo pasamos muy bien, y de hecho, hemos puesto fecha a la siguiente escapada. Me parecía interesante escribir este post, como si fuera un post respuesta a mi yo de antes de la escapada a Banyoles, una respuesta a las dudas que me generaba el plan. La clave del éxito en una escapada de varias familias es siempre la gente con la que sales, y aunque en nuestro caso fue un poco una lotería, resultó que dimos con uno de los números ganadores. La compañía no pudo ser mejor.

Y sí yo del pasado, tenías razón en tu principal temor. Los horarios. Nosotros somos de madrugar, comer a las 13h. aostarnos pronto y exprimir las horas diurnas al máximo. E ir muy a la nuestra. Y durante dos días convivimos con ritmos muy distintos, de comer sin horas, trasnochar, levantarse tarde… Y, como digo, convivimos, y no pasó nada. Nos adaptamos en algunas cosas, en otras seguimos nuestro modo de hacer. Lo fundamental es ser flexible, y me parece muy saludable salir de vez en cuando de nuestra zona de confort, de lo que nos es conocido, de lo que controlamos. Sano para los padres y también para los niños, cambiar hábitos, rutinas, probar nuevas maneras de hacer… Algunas funcionan, otras no, pero en cualquier caso, me di cuenta de lo rígida que me había vuelto en cuanto a horarios y hábitos, y si bien sabemos que son la clave para un buen funcionamiento del día a día con niños, qué bueno es romperlos de vez en cuando, darle el off a ese reloj que llevamos tan interiorizado y simplemente, dejarse llevar, adaptarse y ser flexible.

Un fin de semana de este tipo aporta muchas cosas positivas para todos: a los niños les da la oportunidad de convivir con sus semejantes, aprenden a compartir, conocen cosas y lugares nuevos y por supuesto, se lo pasan de lujo. A los padres les aporta pasar tiempo con otros, dejadme decirlo, semejantes también, con inquietudes parecidas y otras sorprendentemente diferentes y en cualquier caso, siempre enriquecedoras. Es agotador, es innegable, pero compensa y mucho.

Personalmente, a mí la experiencia me ha sorprendido muy gratamente. He disfrutado y he aprendido. En una escuela de dos días, he logrado pasar por alto las cosas que pensaba que podían ser más inconvenientes, normales en una convivencia con tantas personas, y en cambio me he llenado de los buenos momentos, me ha supuesto salir del molde, bastante estricto por cierto, que inconscientemente, tenía de alguna manera fabricado para nuestro día a día, y ver que hay más vida más allá de cómo nosotros hacemos las cosas.

La sorpresa ha sido también para la capital del Pla de l’Estany, de la que solo conocía el famoso lago. En dos días no se puede hacer mucho, pero si tenéis pensado visitar Banyoles con niños, os dejo unos imprescindibles que no podéis perder:

1- Visitar el lago, pasear por su alrededor, a pie o en bicicleta, alquilar una barquita para dar un paseo.

2- Coger el Tren Pinxo de Banyoles que te da una vuelta por parte del lago y el casco antiguo. En este sentido, me quedé muy con las ganas de visitar el centro de la ciudad, me pareció precioso y queda muy pendiente una visita a fondo. Y un vermut en su plaza mayor!

IMG-20160411-WA0007

3- Jugar en el parque de la Draga. No solo los toboganes y los tubos son una delicia para los niños, el prado que lo rodea es fantástico para un picnic, hacer la croqueta o simplemente, tumbarse entre las flores. Y con estas imágenes de primavera, os dejo por hoy!

IMG_20160409_183442

IMG-20160410-WA0057IMG-20160411-WA0010IMG-20160411-WA0012

 

 

 

Anuncios