Este es un post dedicado a esos días en lo que todo se nos hace cuesta arriba. Días en los que por alguna circunstancia, o por la suma de muchas, una está agotada y no sabe de dónde sacar la energía que necesita para llevar a cabo lo que queda de día. Y especialmente, para estar con los niños, que ignoran el tipo de día que tiene mamá y exigen siempre el 100%. Quizás pueda parecerse a la crisis del kilómetro 30 de los corredores de  la Maratón, el Muro de la Maratón. El desánimo ronda cerca, y se trata de encontrar nuestro modo de darle esquinazo. El mío es en tres etapas: café, maquillaje y sonrisa.

Todas hemos pasado semanas duras. Muchas veces vienen de la mano de un termómetro, un paquete de kleenex y un frasco de apiretal. Depende del niño, pero en el caso de nuestra pequeña, esta semana dura conllevaba también no dormir. Y eso un día, y otro, hasta cuatro. Te planteas seriamente qué gracia le veías al trasnochar hace unos años si no hay nada que desees más en este mundo que tu encuentro con la almohada, aunque sea intermitente.

Y así te plantas una mañana ante el espejo, pálida y ojerosa, de nuevo, visualizando el día que tienes por delante y sintiéndote, ya antes de empezarlo, incapaz de llevarlo a cabo con un éxito mediano. En esos momentos se abren ante ti dos caminos: el primero, el camino a priori fácil, que te invita poner el modo off e ir sobreviviendo como se pueda a las horas esperando que acaben cuanto antes; o el segundo, que te desafía a darle un vuelco. Y aunque parece difícil,  es mucho más sencillo tras realizar los siguientes tres pasos que son, ni más ni menos, que el trío estrella de la artillería de mamá. 

  1. Café. Siempre ha sido un buen amigo, pero ahora es mi mayor aliado. Saber que el dormir menos es una buena excusa para tomar un café de más no deja de ser una manera de ver el lado optimista del asunto. Café de cafetera de rosca, recién molido a poder ser, y si va a ser un cortado, con leche entera y espumosa. Cerrar los ojos, saborearlo, tomarlo con calma y hacerlo durar. Porque aunque tengamos muchas cosas a hacer, dos minutos en este caso, son una auténtica inversión. No vamos a tener diez minutos para tumbarnos en el sofá, pero entretener a la niña en la trona dos minutitos más es asequible. Os dejo un enlace del blog del Comidista sobre cómo hacer el mejor café con cafetera italiana, a mí me encantó.
  2. Maquillaje. Y es que hay una diferencia muy grande entre estar agotado y aparentarlo. Aunque de una pereza tremenda, un poco de base con color, colorete en las mejillas y sombrear ligeramente los párpados es suficiente. Mirarse y verse a una misma un mejor aspecto, ayuda a afrontar el día con más optimismo y a sentirnos mejor. Para las que no quieren saber nada de maquillaje por cualquier motivo, vestirse con ropa que a una le guste o le siente bien, llevar un peinado favorecedor o ponerse un poco de colonia son muy buenas alternativas que conllevan el mismo resultado. Aunque si no tenéis nada contra el maquillaje, un poco de color en la cara siempre es rotundamente efectivo.
  3. Sonrisa. No perder nunca la sonrisa, esa es una máxima que siempre me ha ayudado y que he intentado cumplir. Sonreír hace que nuestro día sea más fácil. Porque ayudamos a que el ambiente a nuestro alrededor sea mejor, y eso, también revierte sobre nosotros, y porque nos ayuda a encarar lo que sea que tengamos por delante con optimismo. Sonreír nos hace sentir mejor, y es un gesto capaz de hacer cambiar nuestra propia actitud. Si entráis en el enlace, veréis realmente por qué.

Y mantener, los días que sean necesarios, estas tres máximas a rajatabla esperando que capee el temporal. Porque estos días pasan, se van -os lo diré yo que llevo dos días durmiendo horas seguidas… ¡Soy otra persona!- y, sinceramente, acaban siendo una batallita más en el anecdotario, unos días de los que recordaremos, si nos lo proponemos, solo esos cafés de más… ¡y lo buenos que estaban!

 

 

 

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