Cuando llega el día de la primera velita es inevitable hacer, de algún modo u otro, algo parecido a un balance. Antes estas cosas se me daban bastante mejor, ahora, sumergida por completo en el momento presente sin tregua alguna, no soy capaz de encontrar el momento para parar, analizar y escribir algo que pueda estar a la altura de  esta ocasión. Pero no quiero dejar pasar la oportunidad de celebrar aquí también estos 366 días a tu lado, doce meses que nos sumamos a la espalda y en los que las hemos pasado de muchos colores pero siempre, desde el 29 de abril del pasado año, acompañados por tu luminosa alegría.

Te he escrito una carta por tu primer aniversario. Mi intención es hacerlo en cada cumpleaños, tuyo y de tu hermano, de manera que cuando seáis mayores podáis hacer un recopilatorio y recordar (o conocer) cómo erais de más chiquitines. Estoy segura que os va a hacer mucha gracia. En esta carta te explicaba cómo fue tu llegada al mundo, y haciendo ahora esta pequeña retrospectiva de tu primer año, me parece que fue una primera señal de cómo ibas a ser tú, princesa. Papá y mamá estuvimos bailando un muy buen rato acompañando y acompasando así tu llegada al mundo. También cantamos. También reímos. Después naciste, y te pusieron inmediatamente en mis brazos, y te vi. Me sorprendió y fascinó tu carita de flor desde el primer momento. Los primeros días, no te enfades, nos confundíamos y te llamábamos así, Flor. Pero duro poco tiempo, estabas destinada a un nombre aún más radiante, tu nombre, Sol. 

alegria
Aquí tenías unas horitas de vida

Después llegó tu primera sonrisa, la primera de tantas que irían siendo la expresión de esa felicidad contagiosa que irradias allí donde estás. Cuando cierro los ojos y pienso en ti, lo que veo es esa sonrisa inolvidable que brilla en tus ojos, baila en tus labios, envuelve tu cuerpo y se escapa de tus dedos. Después de tu sonrisa llegaron los aplausos con los que empezaste a celebrar todo cuanto te rodeaba, lo más solemne y lo más trivial. Anda que no nos hemos reído con tu afán por festejarlo todo. Sin ir más lejos, hace un par de días te plantaste delante del televisor y aplaudiste con fervor a todos y cada uno de los líderes políticos tras sus intervenciones sin hacer distinción alguna a su ideología o color.

Si en una familia cada uno aporta su ingrediente personal, el tuyo sin duda es el de la alegría. Con tu hermano la combinación es sensacional. Él, que era el niño que no reía, pronuncia tu nombre, invariablemente, con una sonrisa. Y eso no quiere decir que estéis todo el día a buenas, que no os peleéis o que no proteste cuando coges sus juguetes o porque te prestamos atención. Quiere decir que contigo cerca, es más feliz.

alegria un año con bru

Igual que él, a nosotros nos pasa lo mismo. Y no es que todo sean flores de colores, todos los bebés del mundo tienen sus cosas, en ningún caso tener un hijo es iniciar un camino de rosas. Contigo el principal tema pendiente son aún las noches de mal dormir. Pero no hay contratiempo que no sepas compensar con tu sonrisa. Con ella, nos obligas a nosotros también a sonreír, sea cual sea la circunstancia, y así, cualquier carga se hace más ligera. En una entrada hace un tiempo, te agradecí que nos iluminaras cada día con tu sonrisa. Hoy, que celebramos tu primer año de vida, deseo y pido que pueda seguir siendo así durante el resto de nuestra vida.

Felicidades mi Sol, 

Mamá

alegria un año zapatito

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