Se acaban las vacaciones y ya hace varios días que muchas andamos con el chip vuelta al cole en modo on. El curso aún no ha empezado, pero ya está prácticamente todo organizado al milímetro para poder sobrevivir al día a día. Antes de que nos demos cuenta, estaremos inmersas en la carrera del lunes a viernes donde a menudo, las madres somos las corredoras de larga distancia. Así que, ahora, a las puertas del pistoletazo de salida del curso escolar, me parecía un momento idóneo para recuperar una clase de orientación familiar a la que asistimos en la que hablaban de la importancia de cuidarse para cuidar, dirigido especialmente, a las madres y los padres.

Recibimos esta clase durante un Curso de Orientación Familiar (COF) organizado por la asociación FERT que se imparte en el parvulario Avantis  y en el que nos acogieron maravillosamente a pesar de no ser papás de la escuela. En un post anterior, Si la vida es juego, ¡juguemos!, os hablé de algunos tips de educación y mi idea, es hacer un último post sobre este curso sobre la relación en pareja después de la llegada de los hijos.

Volviendo a lo que os contaba, el tema era cuidarse para cuidar e iba dirigido a padres y madres. Y es que a menudo estamos tan volcados en los hijos, en su educación, en la logística de su día a día, que nos descuidamos a nosotros mismos y también, a la pareja. Y ese es el peor favor que les podemos hacer a nuestros hijos, precisamente. Porque es cuando nos cuidamos, cuando nosotros estamos bien, cuando estamos en condiciones de afrontar con optimismo, energía y creatividad el día a día, y eso, además de repercutir en positivo sobre nosotros mismos y sobre la pareja, lo hace también en ellos y en esa responsabilidad de educarlos que tanto nos preocupa. 

He elaborado una lista de diez maneras de cuidarse que van a ser mis deberes de este curso. La he hecho recuperando algunos puntos de la sesión, costumizándolos, y hay otros que son de cosecha propia. Con vuestro permiso, escribiré en femenino porque no puedo evitar pensar en las madres, que en general somos las que llevamos el peso de lo que una compañera ha llamado hoy “ingeniería doméstica”, pero por supuesto, es extensible a los padres que asumen ese rol. Espero que algún punto os sirva

  • cuidarse para cuidar, mamásMantener o crear aficiones en familia. Ir al parque está bien, y llevar a los niños a actividades infantiles también. Pero qué rico es encontrar o recuperar una afición y disfrutarla todos juntos. Hacer excursiones, cocinar, salir a hacer fotos, montar a caballo… Pasarlo igual de bien todos por igual. En nuestro caso, enseguida que hemos podido hemos recuperado las bicicletas y eso sí ha sido una pasada! Tengo pendiente una próxima edición de En bici con niños, por cierto.
  • Mantener una de nuestras aficiones. Una. Y a solas. Y aquí cada una que sea lo ambiciosa que pueda permitirse, pero que se dé un momento para pensarlo, porque además de madres, seguimos siendo nosotras, las que éramos, las que tenían una respuesta a “qué haces en tu tiempo libre”. La que pueda recuperar esas clases de baile, de canto, o ese deporte, estupendo! La que no, puede dedicar un ratito a la semana, cuando todos ya duermen, a sacar los pinceles, el libro para leer, las agujas para coser, el ordenador para escribir… Como digo, depende de la persona, de sus aficiones y sus circunstancias, pero no hay excusa para no dedicarse un ratito pequeño a nosotras mismas. Solo nos trae beneficios, a nosotras y, en consecuencia, a quienes nos rodean.
  • Una cita al mes es obligatoria. Con la pareja. Quien pueda más, más. Hay abuelos, tíos y sino canguros, pero es imprescindible cuidar la relación de pareja, mirándolo incluso con ojos de familia, esa relación de dos es el fundamento, el pilar, de la vida familiar. De nada nos sirve desgastarnos por nuestros hijos si nuestra relación de pareja está en baja batería. Para que esté fuerte, cuidarla. No se trata solo de salir, pero cuánto necesitamos ese rato los dos, solos, a ciertos metros de casa para reencontrarnos… Sí, aunque inevitablemente hablemos, tarde o temprano, de los churumbeles.
  • Salir a descubrir nuevos lugares. Coger el coche o el tren de cercanías y salir en familia a la aventura, a pasar la tarde, el día, el fin de semana… Lo que podamos. ¿Va a ser descansado? No ¿Va a ser cómodo? No ¿Va a valer la pena? Infinito. Salir juntos y descubrir nuevos lugares, nos abre a todos la mente y nos abrimos así a nuevas experiencias fuera de nuestro día a día. Y aunque volvemos físicamente cansados, nuestro nivel de energías y ánimo está cargado al 100%.
  • Cuidar la familia. Este punto es completamente propio, muy personal, y me ha costado aprenderlo y, sobre todo, ponerlo en práctica. Porque tenemos muchos compromisos a veces. Familia, amigos… Y compromisos propios: planes que creemos que tenemos que hacer sí o sí, etcétera. Y a veces, eso va en detrimiento de la familia. Oye, que quizás venimos de una semana de niños enfermos, estamos agotados, y tenemos que decir que no a esa barbacoa porque lo que necesitamos es pasear tranquilamente y dormir una larga siesta. Pues uno se disculpa, y así se hace. Siempre tenemos que pensar qué es lo que nos conviene como familia, aunque no siempre sea lo que otros puedan esperar.
  • Cultivar las amistades. Desde que han llegado los niños, nuestra vida es otra, nuestro ritmo también y nuestra vida social… ¿Qué era eso? No tenemos tiempo para nadie… Pero es momento de ver cuáles son las amistades de verdad y cultivarlas, de otro modo, a otro ritmo, con otra frecuencia. Pero no dejarlas. Especialmente, las positivas. Si son amistades de verdad, sobrevivirán y se adaptarán a este cambio, pero es importante poner un poco de nuestra parte para mantenerlas. Es una inversión que vale la pena a medio y largo plazo, lo vamos a notar.
  • Estar guapas. Pues sí. Nuestra autoestima determina nuestro estado de ánimo. Vernos guapas, bien, estar a gusto con nosotras mismas, cuidarnos, nos hace sentir mejor y eso lo notan, la pareja y los hijos. ¿Que no podemos renovar el armario cada temporada? ¿Que no vamos a la pelu con tanta frecuencia? ¿Qué nos cuesta encontrar cinco minutos para limarnos las uñas? Pues quizás con una prenda nueva a la temporada, aunque sea de la tienda del barrio, ya nos da otro aire. Y hay que buscar un peinado cómodo y que aguante bastante solo y con pocos cuidados, como los cactus. Oye, y a veces, se trata solo de cambiarse la ralla de lado, ponerse un poco de rímel y colorete, y desenterrar, de vez en cuando, esos zapatos de tacón.
  • La limpieza de fondo, paso a paso. No estoy hablando de sobrevivir a la limpieza básica. Eso es otro tema. Yo personalmente, me obsesiono con cosas como, por ejemplo, que quiero limpiar la nevera, ordenar un armario, hacer limpieza en el zapatero, etcétera. Y me vengo abajo cuando veo que será imposible. Step by step, listar lo que queremos hacer y fragmentarlo en minitareas de máximo, diez minutos: hoy limpio la estantería de arriba de la nevera,  la semana que viene dedico 10 minutos a una estantería del armario, hoy repaso tres pares de zapatos… Y así, poco a poco, el solo ver que se pueden hacer las cosas, ¿no os da otra sensación?
  • Pedir ayuda o aceptarla. Que nosotras solas podemos, ya lo sabemos. Pero que con ayuda podremos mejor, no es menos verdad. A menudo tenemos algún familiar que se nos ha ofrecido en algún momento por si necesitamos algo…Y aunque así no sea, lo que pasa es que no sabemos pedir. Y quizás se trata solamente de una tarde a la semana  en que puede quedarse ese hermano tuyo en el parque un rato con los niños y puedes hacer las compras del barrio evitándonos una escena a lo jungla en el súper, como suele pasar.
  • Comer bien. Nos preocupamos de que los niños coman equilibrado, sano, variado. Pero para llegar a todo, recurrimos a un bote de lentejas rápido a mediodía para nosotras, un plato de pasta blanca por no liarnos, etcétera. Y esa es nuestra gasolina. Quizás no cada día, pero intentar un par de veces a la semana comer bien, sano, equilibrado y un poquito elaborado, mejorará también nuestro humor y nos dará energía para afrontar la tarde.

Pues no pensaba yo enrollarme tanto… Son solo algunas ideas, como digo, algunas del curso customizadas, y la mitad de cosecha propia. Pero volviendo al inicio, al por qué debe hacerse, acabaré con una frase del curso: “Una madre, y por supuesto también un padre, relajada y feliz, es más importante que todos los métodos educativos que queramos emplear”. Y es que al final, lo que queremos es tener hijos felices, y la única manera de conseguirlo, es siéndolo, primero, nosotras.

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