Valiente, libre, responsable y que sepa querer. Si a día de hoy alguien me preguntara qué quiero que sea mi hijo, esta sería mi respuesta. Y sería, además, por este orden. Voy a centrarme en el primer punto, la valentía. Como padres, no tardamos en darnos cuenta de que, poco a poco, vamos perdiendo control sobre el mundo de nuestro hijo. Me refiero a que, así como un padre está las 24 horas del día con un bebé y está presente, junto a él, cuando come, duerme,  juega con el hermano, en el parque, etcétera, desde el momento en que ese niño entra en la guardería, empieza a haber una parte de su vida que se le escapa. Y esa parte, con el tiempo, cada vez es más grande. Todos los padres buscamos lo mejor para nuestros hijos. Si estamos en el parque y vemos que un niño pega a nuestro hijo con saña intervendremos enseguida, por ejemplo.  También si vemos que se burlan de él. Pero, ¿qué podemos hacer cuando eso mismo, pasa en el recreo del colegio, detrás de una columna? ¿O simplemente en el parque, pero tras unos arbustos, y no nos damos cuenta? Sólo hay una manera en la que podemos intervenir: habiendo intervenido antes. Se trata de haberle dado a nuestro hijo  las herramientas y recursos suficientes para que, él solito, sea capaz de solucionar esa situación, siendo valiente.

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