Valiente, libre, responsable y que sepa querer. Si a día de hoy alguien me preguntara qué quiero que sea mi hijo, esta sería mi respuesta. Y sería, además, por este orden. Voy a centrarme en el primer punto, la valentía. Como padres, no tardamos en darnos cuenta de que, poco a poco, vamos perdiendo control sobre el mundo de nuestro hijo. Me refiero a que, así como un padre está las 24 horas del día con un bebé y está presente, junto a él, cuando come, duerme,  juega con el hermano, en el parque, etcétera, desde el momento en que ese niño entra en la guardería, empieza a haber una parte de su vida que se le escapa. Y esa parte, con el tiempo, cada vez es más grande. Todos los padres buscamos lo mejor para nuestros hijos. Si estamos en el parque y vemos que un niño pega a nuestro hijo con saña intervendremos enseguida, por ejemplo.  También si vemos que se burlan de él. Pero, ¿qué podemos hacer cuando eso mismo, pasa en el recreo del colegio, detrás de una columna? ¿O simplemente en el parque, pero tras unos arbustos, y no nos damos cuenta? Sólo hay una manera en la que podemos intervenir: habiendo intervenido antes. Se trata de haberle dado a nuestro hijo  las herramientas y recursos suficientes para que, él solito, sea capaz de solucionar esa situación, siendo valiente.

El embrión de este post se dio en una situación absolutamente cotidiana, como a todos nos ha pasado alguna vez, en la que vi que a mi hijo le pegaban y él no hacía nada para defenderse. Fue hace meses, entonces tenía dos años y medio solo y se podría pensar: era pequeño todavía. Y sí, era pequeño, pero tuve claro desde ese momento, que haría todo lo posible por enseñarle a defenderse desde ya. Que le pegue un compañero porque, quizás, ambos quieren el columpio, es una situación si se quiere, vanal. Pero si el niño consigue hacerse respetar en una situación así, quiere decir que tendrá herramientas y un entrenamiento que sin duda le ayudarán a hacerlo en situaciones más graves, como pueden ser las de acoso escolar.   

No es que sea un comportamiento habitual de mi hijo, pero presenciar esa escena me dio qué pensar y me puso de relieve la importancia de enseñar a nuestros hijos a ser valientes. Durante este tiempo, después de leer sobre el tema, navegar un poquito, preguntar, y sobre todo, después de lo que he vivido con mi hijo, estas son mis conclusiones sobre cómo ayudar a nuestros hijos a ser valientes.  

(Solo un inciso, hablaré en masculino por comodidad, porque encuentro muy feo poner “@” o, como voy viendo últimamente, una “x”, para referirse tanto a chico como a chica y creo que poner los niñas y las niñas cada vez, así, por partida doble, ralentiza la lectura. Dicho esto, pido disculpas si a alguien le parece sexista ya que no es esa en absoluto mi intención)

La base de un niño valiente es una buena y sana autoestima. Si uno se sabe una persona valiosa, no permite ciertos comportamientos hacia ella, ya de entrada. En ese sentido, ya sabemos que desde pequeñitos, queriéndolos mucho, haciéndoselo notar, y tratando de educar en positivo, ponemos los cimientos de una autoestima fuerte. Con educar en positivo me refiero a tratar de destacar lo que hacen bien, felicitarles por sus logros… También reprenderles cuando hacen algo mal, pero siempre intentando darle la vuelta en positivo.

Y, en mi opinión, el segundo pilar para que un niño pueda ser valiente, es que se le haya dado la oportunidad de serlo. Y aquí atención, porque últimamente, y no en balde, se está hablando de la hiperpaternidad (aunque se está hablando mucho, este artículo de la Voz de Galicia fue mi primera referencia a este fenómeno, y encuentro que es de los que mejor lo define): esto es, la tendencia a sobreproteger a nuestros hijos. Como este tema daría para otro post, solo añadiré, que dejar a nuestros hijos un poco a su aire, que si discuten con algún amigo se arreglen entre ellos, que tengan que solucionarse sus problemas (siempre adecuados a la edad que tenga y dentro de los límites del sentido común), que tengan que esforzarse por las cosas, frustrarse porque no todo lo que quieren pueda ser, que se caigan! -que a veces ves mamás en el parque que si ven una piedra delante del pie de su hijo, ya corren a apartarla-… es sano y necesario para su desarrollo. Todo con sentido común, está claro, pero si tu hijo está intentando bajar un bordillo y prevés que pueda caer, pero lo hace sobre la arena del parque, no pasa nada! Y después, además, si le dejas que se levante solo, aún mejor.

Y, además de tener en cuenta estos aspectos, ¿cómo podemos influir en nuestros hijos para ayudarles a ser valientes? Aquí os dejo algunas cosas que nos han funcionado:

  • Empezaré con el tema del pegar, o de que se metan con él, que es de ahí de donde arrancamos. Si vemos, por ejemplo en el  parque, que le pegan, siempre y cuando no le hagan daño, es buena idea no intervenir, observar, y ver cómo se las arregla él solo. Lo mismo si está discutiendo. Y ya después, si, por ejemplo, no ha sabido defenderse, cogerle aparte y hablar con él, podemos empezar diciendo: “¿Qué te ha pegado…?” “¿Te gusta que te haya pegado?” “Pues…” Y aquí el cómo. Empezando por “dile que no te pegue”, etcétera. En nuestro caso, al principio le servía pensar que era un dragón, y hacer el dragón (es decir, rugir) le hacía sentir fuerte y le envalentonaba.
  • Ponerlo ante situaciones nuevas. Es muy bueno que el niño esté acostumbrado a tratar con lugares nuevos, gente nueva, niños nuevos. Eso les ayuda, les hace confiados, les da seguridad en sí mismos ver desenvolverse en diferentes ambientes. Romper sus esquemas y hacer cosas nuevas es muy sano y les ayuda a no ser niños miedosos.
  • Aceptar el miedo. Dejando de lado el tema del pegar (ellos no lo identifican como miedo, además), pero útil igual para ser niños valientes, es hablar del miedo, aceptarlo, y que vean que también nosotros, los adultos, lo podemos tener. Quiero decir, si el niño dice que le dan miedo los truenos, de nada sirve decirle: “no, los truenos, no dan miedo”. “Pues a mí sí”, puede contestar, pensar que es un miedoso, y fin de la conversación. Si en cambio le decimos: claro, los truenos nos asustan, porque hacen mucho ruido y vienen sin avisar, a mamá también le pasa, así que, me tapo muy fuerte los oídos y canto una canción. Le estamos ayudando mucho porque sin ellos darse cuenta, les estamos enseñando a diferenciar el tener miedo del ser valiente, lo primero pasa y no lo puedes controlar, pero lo segundo, es tu respuesta a eso y esa sí está en tus manos.
  • Buscarles referentes de valentía con los que puedan sentirse identificados. ¿Es de manual, no? Cuentos donde el protagonista sea valiente. A nosotros nos encantó el Sastrecillo Valiente, no sé si lo recordáis, es un sastre que mata a siete moscas de un solo golpe, y se pone una banda en el pecho con esta frase: He matado siete de un solo golpe. La gente cree que es un valiente luchador que a matado a siete hombres, y a lo largo del cuento, se enfrenta a gigantes y otros monstruos y actúa, en efecto, como en valiente luchador, pero no a través de la fuerza sino que es listo, y los gana con inteligencia. Sobre todo si no tenemos un hijo grandullón, es muy útil para que descubran que la mejor arma, es el buen uso de la inteligencia. Después nos han servido otros héroes, el que más, Sant Jordi, que se enfrenta al dragón, pero el repertorio es largo y hay para todos los gustos.
  • Ampliar un poco el radio de protección, el radio de gallina clueca. Vuelvo un poco al tema de la hiperpaternidad, y siempre con sentido común, y siempre estando al loro, pero quizás no pasa nada si nuestro hijo hace una pila de cajas y se pone de pie encima, quizás en vez de cuidado que te caerás, podemos estar al lado, pendientes, pero dejarle hacer…

En fin, espero que si habéis llegado a este post porque os preocupa el tema, os haya servido de algo mi experiencia, y ya sabéis que estaré encantada si os animáis a participar y me contáis como lo hacéis para dar herramientas a vuestros hijos para ayudarles a ser valientes.

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