Es imposible escapar al ambiente navideño. Las luces en la calle, los portales decorados con árboles,  los arreglos hechos de abeto y lazos rojos, con más o menos gracia, en todas las tiendas del barrio, los papanoeles, las cantadas de villancicos en los colegios, la fiebre por las compras (Dios mío, este año el Black Friday ha sido un auténtico bombardeo)… Se respira, un año más, una Navidad que tiene tantos adeptos como detractores y no pocos, que sin planteamiento alguno, o por costumbre, se ven cada año arrastrados por ella y por el consumismo que, fácilmente, y si no nos ponemos muy firmes para evitarlo, la acompaña. El día del Black Friday, al menos yo, toqué fondo. Sentía la imperiosa necesidad de comprar, tenía la sensación de que si no lo hacía, estaba perdiendo una oportunidad de única de descuentos excepcionales para los regalos navideños… A eso solo me faltó la lectura de un post de Pequeño Mus, “¿La magia de la Navidad está en que tres señores reyes repartan regalos a lo loco?”, para obligarme a parar y recordar cuál es el sentido de estas fechas, y sobre todo, vivir de manera consecuente a ello. Os recomiendo a todos hacerlo se llegue a la conclusión a la que se llegue. Esta es mi reflexión llevada a la práctica en nuestra familia para vivir una Navidad con sentido.

El principal sentido de estas fiestas es la conmemoración del nacimiento de Jesús. Y creo que, se tenga el credo que se tenga, ignorarlo o esconderlo, lo único que hace es convertir estas fechas en unos días completamente vacíos. Es por eso que, aunque estuve mirando mil detalles y elementos decorativos navideños monísimos en Pinterest (tengo una selección que es una pasada!),luego toqué de pies al suelo, y decidí dedicar el poco tiempo real que tenía en nuestro pesebre, sencillo, de plástico, pero pesebre. Si hiciera un post como el del año pasado, con el Top 5 navideño, este año, el primero, sería el pesebre.

En Barcelona, la feria de belenes está delante de la catedral y se llama Fira de Santa Llucia, y ahí nos fuimos a comprar el portal, el nacimiento, tres pastores y los reyes. Compramos lo básico pero mi idea sería, como siempre hemos hecho en mi casa, cada año ir a comprar un personaje o elemento nuevo (estuve en casa de mis padres este fin de semana y han llegado al nivel de fuente con agua que va cayendo… eso es nivel!). El hecho de preparar el pesebre juntos, explicarles a los niños cada figura –sí, la más importante es el buey, la mula y los patos, eso os lo aseguro ya mismo-, y claro, también jugar con ellos, es una manera básica de acercar la Navidad, la Navidad así, con mayúsculas, a nuestros hijos. Creo que aunque no se comparta esta creencia, explicarla, como una tradición, una leyenda si se quiere, es igual de útil en cuanto a dar sentido a lo que celebramos. Es, siendo muy aséptico, culturilla general.

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La Navidad trae consigo un tema que me preocupa y reconozco que, a nivel familia, aunque considero que lo estamos haciendo bastante bien –tenemos una familia, de verdad, muy colaboradora, porque a menudo, ese es el problema-, aún a veces me cuesta gestionar: los regalos de los niños. No quiero que asocien estas fechas a recibir regalos, pero es absolutamente inevitable que este punto juegue un papel esencial en su ilusión por las fiestas. Y entonces tienes que repartir juego en la familia porque ¿cómo vas a arrebatar a tíos y abuelos la ilusión de regalar a los pequeños de la casa ese juguete que tanta ilusión les va a hacer? Y porque no tenemos una familia muy extensa, pero por poco que cada uno le traiga un juguete, nos vamos a los cinco por niño. Y de momento, lo que veo en mis hijos (especialmente en el de tres años), es que con uno y el adecuado, es suficiente. Porque cuando hay dos, tres, o más juguetes que abrir, todos pierden valor y les entra la fiebre del más: rompen el papel, lo miran y ya están preguntando: ¿Hay otro?, y de este modo, no solo no disfrutan de ninguno, sino que acaban decepcionados. Los niños siempre quieren más. Cuando solo hay un regalo, se vuelcan en él, lo disfrutan, y lo ven como una cosa verdaderamente especial, porque es el único.  Y entonces cayó “en mis manos” la regla de los cuatro regalos. Fui a parar a través de las redes sociales a este artículo de Rincón de la Psicología titulado: “Demasiados regalos anestesian a los niños: la regla de los cuatro regalos”.

Os recomiendo muchísimo su lectura, y sin ánimo de ser espoiler si no de resumir para quienes leéis (yo primera) en diagonal, hablaba de regalar solo cuatro regalos a los niños que serían:

  • Uno para usar, como una pieza de ropa
  • Un libro
  • Uno que le haga verdaderamente ilusión (para fomentar esa ilusión infantil que todos hemos tenido)
  • Uno que necesite, sea del tipo que sea

¿Y qué otro sentido tienen estas fechas? El compartir momentos juntos, con la familia, reencontrarse, disfrutar sin prisas, unos de otros, divertirse juntos. Una vez se han repartido fechas entre familias de uno y de otro (esto es como el sorteo para los partidos de futbol ;)), a disfrutar! Cada familia es distinta, pero encontrar un toque personal, especial y propio para estos encuentros los hace aún más entrañables. En mi familia desde hace muchos años, con mis hermanos hacemos un numerito la noche del 24… Y aquí me paro, porque si alguien me lee esa es mi madre, y la gracia del numerito es, justamente, que es sorpresa.

Y ya para acabar, puede sonar a tópico y para muchos hasta hipócrita, lo sé, pero en realidad tiene mucho sentido que en estas fechas especiales, el espíritu solidario aflore de algún modo porque todos merecemos que sean fechas especiales. Por eso, y estoy con ello muy ilusionada, queremos participar, en familia, en alguna actividad solidaria. Porque no hemos hecho nada para tener algo que comer y algo que regalarnos, pero otras personas carecen de ello y, en la medida que se pueda, creo que entre todos podemos contribuir de algún modo a que todos pasemos unas fiestas mejores. Hay muchas maneras de hacerlo, las que más conozco son la donación de alimentos a través del Banco de Alimentos (que ya pasó el Gran Recapte) pero a través de Caritas siguen en campaña navideña y la campaña de Cap Nen Sense Joguina. En ambos casos, nuestra idea es participar con los niños porque creo que es fundamental que, aunque sea en la medida a la que lleguen en su edad, sean conscientes , de algún modo, de la realidad que hay a su alrededor, no cierren los ojos a ella y se impliquen contribuyendo, en alguna medida, a mejorarlo.

¿Y vosotros? ¿Qué sentido le dais a la Navidad?

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