El autor de estas declaraciones es el argentino Herman Zapp, viajero que desde hace 16 años está dando la vuelta al mundo en un coche del año 1928 junto con su mujer… y sus cuatro hijos. Durante este tiempo, han recorrido juntos los cinco continentes realizando, así, su sueño de viajar y conocer todos los rincones del planeta. Y lo han hecho sin más equipaje que el que un coche con seis pasajeros puede albergar, sin más equipaje que el necesario para vivir.

La semana pasada, la familia Zapp al completo hizo parada en Barcelona para presentar su libro, “Atrapa tu sueño”, en la librería Altaïr. La sala de conferencias del establecimiento estaba a rebosar, de hecho los asistentes ocupaban toda la planta inferior, pasillos y cafetería incluidos; la gente se sentaba hasta en las escaleras y el piso superior para, al menos, poder escucharles. Su historia desde luego, no deja indiferente.

Hace dieciséis años, la pareja formada por German y Calendaria Zapp decidió dejarlo todo por unos meses para cumplir su sueño: llegar hasta Alaska. Con los escasos medios que tenían ahorrados, iniciaron su viaje en el auto del que disponían, uno del año 1928. La conferencia, así como el libro, es una narración pormenorizada de las aventuras y desventuras de este periplo desde sus inicios, pero resumiendo, a los seis meses de viajar se quedaron sin dinero y se vieron en la situación de tener que ganar algo para poder regresar. Ella empezó a pintar acuarelas que él enmarcaba y vendía, después escribieron sus experiencias en un libro que imprimieron de manera bastante rudimentaria y empezaron a vender por diferentes pueblos, ciudades y ferias, utilizando el reclamo de su coche como stand publicitario: y así se volvieron autosuficientes y en lugar de emplear las ganancias en regresar, decidieron dedicarlas a seguir viajando. Y de este modo han transcurrido los últimos dieciséis años de su vida en los que, además, han tenido cuatro hijos. En este video podéis ver más sobre la familia Zapp si os interesa y os recomiendo también que busquéis artículos de periódicos sobre el tema con un simple Google para más información.

Son muchos los mensajes que a lo largo de la hora y media de speech acompañaron su discurso. El primero de todos –y el que, de hecho, lera el motivo de que la sala estuviera tan llena- era una abierta invitación a perseguir tu sueño, apostar por él, vencer el miedo que te impide llevarlo a cabo y vivirlo.

A mí se me quedó gravada la frase, quizá dicha más a la ligera, pero que da título a este post: “Todo lo que necesitás para vivir cabe en un coche”, así, en argentino. Porque solo hay que ver, con dos niños, cómo vamos de cargados (digamos que no hay espacio para nada más) cuando salimos de puente o de fin de semana. Ni imaginar quiero si fuéramos más en casa… O si el coche fuera nuestro hogar.

Pero entonces, te pones a repasar todo lo que tienes… Y te das cuenta de cuántas necesidades nos hemos creado nosotros mismos. Ahora que es momento post-reyes, solo hace falta ver cuántos juguetes tienen nuestros hijos… Cuando en realidad, cuando mejor se lo pasan es cuando hacen una cabaña con una sábana y se esconden, o inventan juegos por su cuenta sin más soporte que, quizás, unas pinzas de tender la ropa. Llenamos nuestras casas de cosas y accesorios que nos parecen imprescindibles y que en realidad, solo ocupan espacio, y muchas veces, son un obstáculo para vivir de verdad.

Tener menos y vivir más

Si algo me llevo de la familia Zapp es esta idea que ellos personifican, con su vida, a la perfección: tener menos y vivir más. Una auténtica llamada a la sencillez, de la que tan escasos vamos en nuestro mundo, donde buscamos para todo compensaciones materiales, y que en cambio, tan necesaria es. No estoy hablando de volverse un rigurosa asceta sino de plantearse muy bien si necesitamos algo antes de tenerlo o comprarlo, guardar o dar todo aquello que no se usa, y en cambio, dedicar nuestras energías no a tener más sino a vivir a fondo las experiencias que deseemos de verdad ya sea ir a conocer un lugar nuevo, viajar, o, simplemente, inventarse un juego con nuestros hijos.

El otro día, hablando con alguien del trabajo sobre una persona que se planteaba alargar su jornada laboral, su observación fue que: “Claro, a más mayores son los niños, más gastos: extraescolares, cosas más caras, etcétera”. En realidad se trataba de una circunstancia económica en la familia, pero me di cuenta de hasta qué punto tenemos todos esta idea tan incrustada en nuestra sociedad y, en realidad, cuán errónea es. Y en cuántas familias pasa o puede pasar, que los padres trabajan hasta horas intempestivas sin poder ver a sus hijos por las tardes ni siquiera a la hora de la cena, con el fin de poder pagar colegios más caros, más actividades extraescolares, unas vacaciones no se sabe donde. Cuando seguramente, lo que esos niños necesitan de verdad, es solo estar junto a sus padres todo el tiempo posible.

No hace falta mucho dinero ni muchas cosas para hacer niños felices ni para llevar una vida plena. Se trata, quizás, de vaciarnos de cosas, de empezar a tener menos, para dejar espacio a vivir experiencias y a tener una vida más sencilla pero más auténtica que nos llene, de verdad.

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