Todo cambio de estación tiene su qué. El paso del verano al otoño es durillo, no solo porque implica el fin de las vacaciones y la vuelta a la rutina, sino porque la llegada del frío y el hecho de que anochezca más pronto, condiciona, y mucho, nuestras tardes con los niños a la salida del cole. Incluso los días más templados, ya no apetece tanto ir al parque (al menos al mío, donde hace una humedad que atraviesa cualquier capa) y, en general, te entretienes menos y vas más derechito para casa. Y cuando en junio todo era llegar a casa, baños y cenas a todo correr que se nos ha vuelto a hacer tarde, en noviembre empieza el capítulo de las tardes en casa.

Pasar toda la tarde en casa con los niños puede ser un placer o un horror. Depende de cómo sea el niño (hay niños que son “carne de parque”, como dice una amiga mía, y necesitan, porque es físico, correr y desfogarse antes de llegar a casa), del día que tenga él o ella, del día que tengas tú, y de muchas cosas.

Con sus días mejores y no tan buenos, a mí personalmente, las tardes caseras en otoño e invierno me gustan mucho. Me encanta la sensación de llegar a casa cuando está oscureciendo, ponernos todos ropa cómoda y zapatillas. Me gusta merendar mandarinas, uvas o leche calentita con cacao. Poner la calefacción. Hacer sopa y cremas de verduras. Me encanta encender las lámparas a las 6 de la tarde, esas de luz cálida y color de hogar. Y cuando me animo, enciendo también las velas de esencia de vainilla (siempre en una estantería inaccesible). Y ya puestos, pongo un poco de música bajita en el salón…

¡Alto! Que parece que esto va a ser el paraíso del relax de cuando no teníamos hijos… Aquí faltan ellos, y aquí empieza este post.

Porque lo que de verdad quería contaros es lo que es nuestro TOP5 de las tardes de frío en casa, por si os dan ideas, por si tenéis curiosidad… Por abrir una ventanita en nuestro salón y compartir lo que hay en él ya que es eso, precisamente, lo que más me gusta a mí de los blogs que sigo.

1.Viajes desde el sofá

Hacer un muro de cojines sobre el sofá y parapetarse tras él es todo lo que requiere este juego. Los viajes desde el sofá son un invento 100% suyo. Un buen día me los encontré de esta guisa, explicándose, el uno al otro, que iban a la nieve a ver a sus amigos de Andorra, que hacía frío, que harían un muñeco de nieve… Y así inauguraron el que es uno de sus juegos preferidos y exclusivo de ellos dos. Aquí sobramos todos los adultos.

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No hay dos viajes iguales. Otra tarde, estaban en el funicular subiendo al Tibidabo… hasta que se averió a medio camino, me pareció entender. Un día, llegó mi hijo del cole con un papel lleno de garabatos, y el sofá se convirtió en un barco pirata y el papel, en un mapa del tesoro. Y así.

Este, sin duda, es el TOP1 de los juegos. ¿Qué más da estar en casa si desde aquí viajan donde quieren sin límites de ningún tipo? Me recuerda a lo que jugaba con mis hermanos de pequeños. Nos subíamos a la litera, abríamos una carpeta que teníamos con estrellas fluorescentes que brillaban en la oscuridad y apagábamos las luces. Ya teníamos la tarde arreglada. Con éste, como con su juego, el entretenimiento está asegurado por un buen rato, además que no suele generar ningún tipo de discusiones ni peleas.

Solo os digo que cuando vislumbro el parapeto de cojines sobre el sofá, pongo el temporizador y corro a adelantar tareas de casa: recoger ropa tendida, adelantar la cena, barrer la cocina etcétera.

2. Puzles y dibujos

Sé que es un clásico, pero en esta casa tienen un éxito tremendo. Sobre todo con el mayor. La pequeña puede estar hasta 10 minutos entretenida tanto con los puzles como haciendo dibujos, que ya es todo un récord por cierto. Pero el mayor, no tiene fin.

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Es también un juego muy armonioso que suele discurrir sin conflictos. Os he hecho la foto del puzle preferido de la peque y del mayor. Veréis que el de coches es de una marca alemana, HABA, que os recomiendo vívamente. Es regalo de la tiíta Olga y fue el primer puzle de Bru. No solo los dibujos son bonitos, sino que tienen una calidad en los acabados que los hace imperecederos, se ve perfecto como el primer día.

Los dibujos es otro episodio. En casa triunfan las plantillas, esas láminas gruesas de plástico con siluetas de distintas temáticas. El plus de pintar con plantillas es que es necesario un bolígrafo para reseguir las formas, y eso, les encanta. Es súper de mayores.

3. LEGO

Otro clásico. Aquí nos encantan las construcciones. Hace tres años, todo lo que hacían era torres altas, quién lo diría. Ahora hacen párquines, helicópteros, pistolas (muy a mi pesar), granjas y castillos. Tienen que tener el día, como con todo. Pero si están relajados, cómo pasa el tiempo sin darnos cuenta construyendo. Yo me siento a un lado en la alfombra e intento intervenir lo mínimo posible.

Me encanta verlos, a los dos, sacando la puntita de la lengua o canturreando mientras construyen concentrados. El otro día me encontré sobre la alfombra una hilera de robots espectacular. Al mayor le encantan las construcciones, y tiene una obsesión con la simetría muy acusada y que encuentra salida en todas las naves, robots y demás que le da por construir.

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4. Cocinar

No sé vosotras, pero hay tardes en que parezco la reina con su séquito real. Suele ser los días que están más cansados y no tienen ganas de jugar, me siguen a todas partes y, como os podéis imaginar, suelen liarla un poco allá donde van. En la cocina tenía hasta ahora bastante controlado este tema gracias a una vasta colección de imanes que les dejaba sobre el taburete para que fueran colocando en la nevera y en lavaplatos… Pero a menudo es insuficiente.

Así que decidí lavarles las manos, los subí a sus tronas, y a ayudar con la cena. Es liarse, por supuesto. Y no siempre tenemos el cuerpo para ello. La cena que prepararías en 10 minutos, se te va a la media hora seguro, ensucias mucho más, hay peleas probablemente. Hay que respirar y enfocarlo como un juego más, el resultado del cual es la cena. Si no tenemos el día es preferible un bufido y todos fuera de la cocina. Pero si podemos, es hasta divertido.

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Entre las recetas en las que pueden ayudar, las que más les gustan son hacer albondiguillas para la sopa, preparar empanadillas (aunque luego no les entusiasman a la hora de comerlas) o untar pan con tomate.

5. Ayudar en las tareas de casa

Este último punto va bastante relacionado con el anterior. Ya intento no tener que hacer cosas de casa durante la tarde con ellos, pero no sé vosotras, pero a mí siempre me queda algo pendiente, y siempre algo relacionado con tender o recoger ropa tendida. En estos casos, el cesto de pinzas es un gran aliado y una fuente inagotable de juegos. Me hace gracia recordar que las pinzas fueron el primer juguete de mi hijo mayor. Un bote de latón de leche vacío y pinzas. No hacía falta más. Ahora los juegos son más sofisticados: hacen serpientes uniendo todas las pinzas, las ponen en bolsos o en el cochecito de las muñecas y las pasean por casa, las cocinan en sus cazuelitas… O el mayor me las engancha en las correas de las persianas, una al lado de la otra, bien pegaditas, haciendo un arcoíris. Cuando empezó a hacer esto, mientras yo tendía, tendría apenas dos años y me decía que se iba a trabajar.

Otra ayuda en casa habitual es colocar la fruta y verdura que nos traen cada semana, o la compra del super, que llega cada quince días. En ambos casos, selecciono muy bien lo que pueden hacer y lo tenemos ya bastante por la mano. En ambos casos, me encargo yo del tema nevera. Las frutas es muy fácil para ellos clasificarlas en el frutero bajo la mesa de la cocina, y lo pasan muy bien. Ellos mismos me han ayudado a seleccionar las frutas y verduras en la tienda (luego pido que me la traigan porque no puedo con todo), y siempre he dicho que me parece muy educativo para ellos estar en contacto directo con las frutas y verduras que luego comen. En cuanto a la compra del súper, la atracción estrella es colocar los tetrabriks de leche en el armario… En hileras perfectas y por colores, por supuesto, así que, como habréis adivinado, el mayor es el director de obras y su hermana la ayudante. A veces también se salen del guión, como un día que me lo encontré a él dentro del armario, u otro, que me los encontré haciendo una fortaleza en medio de la cocina con los tetrabriks de leche, eso forma parte del juego.

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¿Y vosotras? ¿Qué juegos os funcionan mejor las tardes en casa?

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