Casa recogida, cenas servidas, pijamas preparados, mochilas de mañana a punto. Me quedan 2 minutos. Mallas y top negro. Pañuelo estampado al cuello. Colorete, rímel y sombra. Labios y zapatos rojos. Un par de horquillas estratégicas y el moño de andar por casa parece un recogido. Vistazo al espejo. Aceptable. Abro la puerta de la cocina. Besos rápidos con olor a perfume. “¿A dónde vas?” “Salgo un ratito solo, ceno fuera y vuelvo”. Cucharada de sopa a la boca. El babero limpio, rosa, sigue de momento impecable. “Cuando vuelva, entraré a vuestra habitación a daros un beso a cada uno”. “No”. Él. Como no. “A ti te daré dos besos”. “No… Quiero veintiuno”.

Once de la noche, la hora de las Cenicientas trabajadoras.  Zapatos rojos en la entrada, labios sin color. Las paredes, negras, respiran con pausa. Negras y cálidas. Avanzo, de puntillas, medias tupidas en las baldosas. De la puerta entreabierta de la habitación se escapan sus sueños. Casi puedo verlos: dinosaurios, de todas las razas, en un valle interminable. Princesas de hielo con trajes brillantes que cantan…y siguen cantando sin final. Beso la cabecita de mi niña procurando no caerme encima. Me siento al borde de la cama, colcha de coches. Él, como siempre, un brazo bajo la cabeza. Boca entreabierta.

Vengo… por los veintiuno.

El primero, uno, por las ganas que tenía de estar otra vez contigo, con vosotros.

Dos, por las veces que parece que salga huyendo con ganas de perderos un rato de vista.

Tres, por ser como eres, aunque a menudo me vuelvas loca.

Cuatro, porque nunca llegaré a comprenderte del todo.

Pero, cinco, así es como te quiero, y como te querré, siempre.

Seis, por las historias interminables de dinosaurios, esqueletos y lobos que me tienen fascinada.

Siete, por las veces que no tengo tiempo para escucharlas.

Ocho, por las prisas que os meto cada día, para todo.

Nueve, por las veces que consigo dejar las prisas a un lado y disfruto, sin reloj, de vosotros.

Diez, por las horas pasadas jugando en la alfombra.

Once, por las tardes de riñas y peleas.

Doce, por las reconciliaciones de abrazo…

…y beso. Trece. Como este.

Catorce, por vuestras risas.

Quince, por vuestras lágrimas.

Dieciséis… Por las mías.

Diecisiete, por todo lo que me estáis enseñando.

Dieciocho, por lo poco, que os pueda estar enseñando yo.

Diecinueve, porque siempre, siempre, nos queramos así.

Veinte, ahora sí solo me queda…

Veintiuno, te quiero, buenas noches mi amor.

 

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