Estos somos mi pelo y yo. Y mi cara de “qué cara hay que poner cuando te haces una autofoto – muero de vergüenza”.

¿Debería cortármelo?

Me gusta ir despeinada. Así, con un arbusto silvestre por sombrero.

Pero no es serio. Si se dan las condiciones de temperatura – humedad – nivel de contaminación – presión atmosférica – nivel de cal en el agua precisas, con un poquito de espuma, puede quedar hasta gracioso. Un poco salvaje, pero aceptable.

Pero cuando no es así y sobrepasa determinados centímetros de longitud… Puedo llegar a ser un auténtico espantapájaros. Y a mí no me importa. Pero soy consciente de que no es adecuado. Que aquí una de momento tiene que ir a trabajar, representar una empresa ante otras personas y moverse, en definitiva, por la vida con un mínimo de elegancia. Y una zarza sobre la cabeza no ayuda.

Sé que me tengo que cortar el pelo y adecentar un poquito mi look. De hecho, tengo hora en la peluquería este sábado.

Y el tema no debería ir más allá. Pero el caso es que siento que si me corto el pelo pierdo parte de mi personalidad. Pierdo lo poco que queda de la niña salvaje y desaliñada que fui y que me resisto a perder del todo.

Vaya… ¿será que con 31 años y dos hijos lo que pasa es que no quiero hacerme mayor… del todo?

En cualquier caso, ¿eso depende de un peinado?

¡Creo que voy a estar dudando hasta el ultimísimo momento!

Si alguno tenéis la respuesta… Será más que bienvenida!

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