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En el sombrero de mamá

Crónicas de una mamá con sombrero

Categoría

Pensamientos de mamá

Cortar o no cortar

Estos somos mi pelo y yo. Y mi cara de “qué cara hay que poner cuando te haces una autofoto – muero de vergüenza”.

¿Debería cortármelo?

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Veintiún besos

Casa recogida, cenas servidas, pijamas preparados, mochilas de mañana a punto. Me quedan 2 minutos. Mallas y top negro. Pañuelo estampado al cuello. Colorete, rímel y sombra. Labios y zapatos rojos. Un par de horquillas estratégicas y el moño de andar por casa parece un recogido. Vistazo al espejo. Aceptable. Abro la puerta de la cocina. Besos rápidos con olor a perfume. “¿A dónde vas?” “Salgo un ratito solo, ceno fuera y vuelvo”. Cucharada de sopa a la boca. El babero limpio, rosa, sigue de momento impecable. “Cuando vuelva, entraré a vuestra habitación a daros un beso a cada uno”. “No”. Él. Como no. “A ti te daré dos besos”. “No… Quiero veintiuno”.

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Palabras dormidas

Quiero escribir. Lo quiero y no lo consigo. Pensamientos, sensaciones, gérmenes de ideas se amontonan en mi cabeza pidiendo a gritos palabras. Palabras, palabras que les den un cuerpo, una identidad, palabras que las hagan nacer. Pero apenas consigo escribir dos frases seguidas, poco más que una anotación, un arranque en frío que rápidamente se desacelera hasta perderse.

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La sal, tu sonrisa, tú y yo

Huele a sal. El mar está revoltoso, crispado. Zarandea la arena de la orilla dejando un largo rastro de espuma blanca en cada ola. El mar es el espejo de un cielo encapotado en el que se amontonan en desorden nubes y nubarrones de distintos grises. Una manita tira con fuerza de mis dedos y devuelve mis pensamientos a la arena húmeda.

“¿Corremos?”

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Un domingo de esos

Hoy es uno de esos domingos, uno de esos que hacen de este día de la semana un anodino tránsito entre el radiante sábado y el lunes, gris. Un último domingo de julio en la ciudad, de calles silenciosas y calor sofocante en que las agujas del reloj avanzan perezosas y desganadas en su rutinario círculo. Un domingo de esos en los que, años atrás, me hubiera muerto del horror de verme donde estamos aquí y ahora.

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Triatleta de andar por casa

Este post empieza con una mujer de treinta años frente al rectilíneo e impasible carril azul de la piscina municipal, tratando de recuperar el aliento tras dejarse la piel en alcanzar cuatro largos, con las gafas de natación (¿cuántos años hará que estaban en el fondo de un cajón?) completamente empañadas, un bañador que poco tiene de deportivo y que debía pertenecer a alguien con una talla de sujetador del doble que usa ella o a ella misma en tiempos mejores… por la pinta que tiene, debió usarlo durante algún embarazo. “¿Qué sentido tendrá ir de una pared a otra de esta gigantesca bañera azul abriéndome paso por un medio tan inhóspito como es el agua?”, se pregunta.  Sí, lo habéis adivinado. Esa mujer de treinta años frente al impasible carril de la piscina municipal soy yo, recién inscrita en el gimnasio. “Ah sí…”, prosigue mi pensamiento: “La espalda, la dichosa espalda…”. Inspiración. Una brazada, otra, y otra, inspirar, expirar bajo el agua: “¿Me habré creído que me sobra el tiempo para poder permitirme estar aquí? ¿Cuándo voy a poner la lavadora? Aún hay que recoger la anterior… ¿Qué estoy haciendo?” “Tienes que hacer deporte, hay que muscular esta espalda, es la única solución”, dijo el traumatólogo. Venga, vamos. Otra brazada, otra. Inspirar. Expirar. Brazada. Ya no puedo más. Y el reloj avanza tan lentamente. Fuera hace un día radiante. Quizás puedo combinar dos deportes y correr un poquito y luego nadar. Al menos, así, podría coger un poco de color, mira que hace años que me paso los veranos blanquita blanquita…

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Escoger colegio

A vosotros, con un niño en P2 a punto de dar el salto al colegio grande. A vosotros que tenéis un calendario en la cocina con las jornadas de puertas abiertas de todos los centros escolares del distrito. A vosotros que dedicáis vuestras cenas de pareja a hablar de pros y contras de las escuelas que consideráis como opciones. A vosotros que ya no habláis de otra cosa entre vosotros ni con la gente que os rodea. A vosotros que sentís una enorme presión por acertar ya que, en el fondo, intuís que una parte de la felicidad de vuestro hijo va a depender del colegio que escojáis. A vosotros que ya no sabéis si lo que os parece lo importante en la educación es lo importante, en realidad. A vosotros… Que hace un año por estas fechas éramos nosotros. A vosotros una breve reflexión sobre lo que es realmente importante en un colegio antes de volverse loco.

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¿Dónde quedaron los sueños de mamá?

Este mes he cumplido 30 años.

Muy tranquila soplé yo mis velas con la paz de quien llega a clase con los deberes hechos. Inauguro los 30 casada con el hombre que quiero, con dos hijos maravillosos y un trabajo que me gusta. Así que este no va a ser el post de la treintañera que se plantea sentar cabeza, al menos en su sentido más convencional. Claramente, no.

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“Todo lo que necesitas cabe en un auto”

El autor de estas declaraciones es el argentino Herman Zapp, viajero que desde hace 16 años está dando la vuelta al mundo en un coche del año 1928 junto con su mujer… y sus cuatro hijos. Durante este tiempo, han recorrido juntos los cinco continentes realizando, así, su sueño de viajar y conocer todos los rincones del planeta. Y lo han hecho sin más equipaje que el que un coche con seis pasajeros puede albergar, sin más equipaje que el necesario para vivir.

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