La primera vez que viniste a este rincón del mundo, papá y yo acabábamos de saber que existías. No te preocupes si no lo recuerdas, eras aún demasiado chiquitín para atisbar algo a través del ombligo de mamá. Por eso hemos vuelto ahora, de nuevo, los tres, para enseñarte lo que entonces no pudiste ver. Y aunque de lo vivido estos días te cueste encontrar algún recuerdo, aquí tienes, pequeño, este breve relato de nuestro segundo viaje a la ciudad que no se acaba.

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